Cómo combatir la adicción al trabajo

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La adicción al trabajo no es una insignia de honor, es un foco rojo para cualquier profesional.

 

Los adictos al trabajo, o workaholics, como se les conoce también por la palabra en inglés, suelen ostentar su adicción al trabajo con orgullo, como una insignia que los coloca por arriba de todos los demás. En una cultura donde el “trabajo duro” es altamente apreciado, es más difícil reconocer la adicción al trabajo.

Sin embargo, está más que comprobado que la obsesión al trabajo excesivo no trae sino consecuencias negativas, tanto en los resultados del trabajo y los proyectos en sí, como en la salud y bienestar físico y mental de la persona.

Pero, ¿qué hay detrás de la adicción al trabajo?, ¿es parte del precio del éxito hoy en día?

 

(versión video)

 

El fenómeno de la adicción al trabajo en el mundo

 

No es secreto para nadie que en los últimos 40 años o incluso más, la tendencia a volcarse al trabajo de una forma obsesiva va en aumento. En un estudio reciente de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), se publicó que el promedio semanal de horas efectivamente trabajadas entre sus países afilados es 37, un referente que no tiene relación con el límite fijado por las leyes de cada país, sino con resultados de encuestas.

No es de sorprender que en ese estudio la lista de los países que más horas promedio trabajan a la semana sean sobre todo países en vías de desarrollo. Tenemos a tres países latinoamericanos dentro de los cinco primeros. Encabeza la lista Colombia, y después del segundo que es Turquía, tenemos a México en tercer lugar, y a Costa Rica en cuarto. Todos ellos arriba de las 45 horas promedio de trabajo en la semana.

Como podrán imaginarse, la lista de los países con menos horas de trabajo a la semana está poblada sobre todo por las naciones desarrolladas, comenzando por Países Bajos, y siguiendo la lista con Dinamarca, Noruega, Suiza y Alemania. Todos ellos por debajo de las 35 horas promedio a la semana, es decir, 10 horas menos de lo que se trabaja en los países latinoamericanos que mencioné antes.

 

Aunque todo esto podría parecer en primera instancia que se debe a que la gente ahora necesita trabajar más horas para cumplir las demandas del trabajo o para sacar adelante sus proyectos, la realidad no corresponde con eso. Porque no podemos decir que en esos países europeos donde las jornadas de trabajo son considerablemente menores que Latinoamérica, y donde la gente, tanto empleados como freelancers, suelen tomarse al menos un mes de vacaciones al año, los resultados de su trabajo sean inferiores a los nuestros, verdad?

 

El origen del concepto de “workaholic”

 

Esto de la adicción al trabajo no es un invento de nadie, existe y está reconocido por los psicólogos y especialistas en conducta. Ya se empezaba a hablar de esto en los años 70. Originalmente el término “workaholic” se le atribuye al psicólogo americano Wayne Oates, que acuñó esta palabra en 1971 para referirse a una “necesidad incontrolable de trabajar de forma incesante”.

Especialmente en los años y décadas más recientes, hay mucha investigación y estudios al respecto, como el que publicó la autora Sarah Green Carmichael en el Harvard Business Review en 2015, donde dice que no hay evidencia de que trabajar más horas se traduzca en un mejor resultado en el trabajo, y que esa tendencia de labor obsesiva es contraproducente tanto para las empresas como para los mismos equipos de trabajo o profesionales independientes.

Está claro que la gente que trabaja regularmente horas excesivas, no solo no logra más y mejores resultados, sino que además comienza a cometer errores y pierde también la capacidad de enfoque y concentración. Está comprobado que el pensamiento estratégico y creativo se fomenta cuando la mente está despejada y ha podido relajarse.

 

Señales que identifican un adicto al trabajo

 

Es importante ver en blanco y negro las señales que identifican la adicción al trabajo, y sobre todo, entender qué hay detrás de ellas. Aunque por el término, es obvio que implica horas extendidas de trabajo, revisemos los síntomas más detalles:

 

  • Jornadas de trabajo exhaustivas y por períodos largos, y con frecuencia fines de semana, incluso de forma innecesaria (digamos, se vuelve costumbre haga falta o no)

 

  • Sacrificar horas de sueño por estar trabajando en ciertos proyectos o tareas

 

  • Estresarse cuando se está fuera del trabajo, añorando o buscando el modo de volver a ocuparse cuanto antes

 

  • Obsesionarse con temas de trabajo y pensar o hablar de ellos incluso en tiempos personales

 

  • Tener un constante temor por el fracaso o a fallar en el trabajo o en un negocio

 

  • Tener un comportamiento paranoico sobre el desempeño en el trabajo o sobre la competencia

 

  • Fracasos matrimoniales o romper relaciones sociales por no tener tiempo para atender su vida personal

 

  • Refugiarse en el trabajo y evitar vida social, o para lidiar con rupturas, problemas financieros o duelos.

 

¿Por qué se da la adicción al trabajo?

 

Pero si por todos lados podemos encontrar pruebas de que la adicción al trabajo ocasiona una serie de consecuencias negativas, ¿por qué sigue floreciendo esta obsesión por el trabajo desmedido?

Para mí, es el resultado de una visión distorsionada que se respira en la sociedad a todos los niveles, y que es especialmente notoria en el mundo corporativo, aunque los profesionales independientes o freelancers no se escapan. La sociedad nos ha llenado de esos mensajes sobre todo a nivel subliminal.
En las empresas se le suele ver mal al que siempre se va temprano, o al que toma muchas vacaciones. Por el contrario, el que acostumbra quedarse tarde o que nunca toma días libres lleva esa medalla al mérito de “el más trabajador”, aunque no necesariamente sea el más eficiente.

Y lo malo es que cuando uno se independiza, tiende a llevarse esas malas prácticas, y no es nada raro encontrarse con los freelancers o pequeños empresarios que, en aras de levantar un negocio próspero, se queman en jornadas de trabajo sin descanso justificando -o autojustificándose- diciendo que es la única manera de crecer.

 

La realidad es que, como todas las adicciones, este es un comportamiento irracional y compulsivo. Los motivadores que parecieran llevar a la gente a trabajar en exceso son los obvios: el deseo de destacar en el trabajo o los negocios, de mostrar su eficiencia, y de lograr mayores beneficios económicos, pero nadie nos dice nunca que la clave no es trabajar más, sino trabajar más inteligentemente.

No quiero decir que no haya una buena cantidad de horas de trabajo detrás de un negocio o un proyecto exitoso, pero está más que comprobado que el nivel de éxito en un proyecto o negocio está determinado más por decisiones que se toman, por estrategias que se trazan, por mucho análisis y ejecución enfocada; no directamente por la cantidad de horas que se ponen individual o colectivamente en esos proyectos.

 

Cómo evitar la adicción al trabajo

 

A estas alturas seguramente ya te quedó claro que la adicción al trabajo no es el precio del éxito, y que, en cambio, es una receta segura para el agotamiento físico y mental, y muy probablemente, a no ser exitoso ni en lo profesional ni el no personal. Entonces, ¿cómo evitar la adicción al trabajo si todo a nuestro alrededor conspira en contra?

Antes que nada debo decir que no soy psicóloga ni terapeuta especializada en el tema, con lo cual todo esto es mi visión del tema, de haber leído estudios y artículos de gente especialista, y también de una minuciosa observación de mi y de mi entorno en más de 25 años de vida profesional.

Es importante entender que la adicción al trabajo es generalmente un refugio que usamos para bloquear una serie de situaciones o sentimientos que no hemos sabido -o querido- atacar de otro modo. Así, lo primero será:

 

Reconocer qué hay detrás de una adicción al trabajo, para enfocar esfuerzos en contrarrestar esas causas:

 

  • Podría ser que la adicción al trabajo sea la manera de enmascarar alguna depresión o ansiedad, o un refugio para lidiar con situaciones como divorcios, la muerte de un ser querido o tener una familiar o de pareja deficiente. Aunque, irónicamente, esa misma adicción al trabajo pueda ser la causa de fracasos matrimoniales o de relaciones fracturadas con hijos, familia y amigos.

 

  • También la gente suele volcarse en el trabajo cuando no tiene proyectos personales o proyectos de vida más allá de lo profesional, o que no tienen vida social. Digamos que sustituyen esos vacíos con trabajo, trabajo y más trabajo.

 

  • Suele pasar también que cuando alguien viene de un descalabro profesional, como un despido, la quiebra de un negocio o un proyecto fallido, suele refugiarse en otro proyecto o trabajo obsesivamente, buscando -aunque sea superficialmente- resarcir ese daño que sufrimos y lo dañada que pudo haber quedado nuestra autoestima como profesionales.

 

En fin, causas las hay de todos los colores y sabores. Así que lo primero es que, si uno reconoce tener una propensión al trabajo excesivo, hacer una introspección para reconocer cuál es la causa raíz que nos está llevando a ese comportamiento obsesivo en el trabajo, y una vez que la tengamos detectada, poner esfuerzos conscientes por trabajar en ello.

 

En términos generales, siempre ayuda y será positivo:

 

  • Buscar proyectos personales, hobbies o aficiones que nos ayuden a cultivar otros intereses más allá del trabajo.

 

  • Esforzarse por llevar una vida social más activa

 

  • Estrechar nuestras relaciones con pareja y familia.

 

  • Forzarse a limitar las horas dedicadas al trabajo

 

  • En el trabajo, buscar modos de hacer las cosas más eficientemente, no invirtiendo más tiempo sino trabajando más estratégicamente.

 

  • Si eres empleado, ve acostumbrando a tu jefe o jefa a que puedes hacer el mismo trabajo en menos tiempo, y rompe con esa tendencia a que te vean en la oficina a deshoras, o conectándote desde tu casa en tiempos personales.

 

 

Conclusiones

 

Todos hemos tenido -y seguiremos teniendo- proyectos que requieren excederse temporalmente en las horas usuales de trabajo, pero incluso cuando disfrutamos mucho lo que hacemos, esa tendencia no debe convertirse en la norma.

El trabajo debe ser el medio para ayudarte a conseguir éxito, prosperidad y realización profesional y personalmente, no lo conviertas en el objetivo. Recuerda que hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar.

 

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