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5 actitudes que frenan tu desarrollo profesional

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Autocrítica por delante, aprendamos a reconocer cuando caemos en alguno de estos baches

 

Cuando uno entra a un trabajo nuevo o empieza un negocio o proyecto nuevo, inicia con la mente fresca y los ánimos por el cielo. Es inevitable que con el paso del tiempo, no sólo la motivación y el entusiasmo se estacionen, sino también empezamos a ver hacia atrás y a pensar qué hubiera pasado si hubiéramos hecho tal o cual cosa de forma distinta.

A 24 años de haber recibido mi primer sueldo, me gusta hacer una retrospectiva crítica, ver patrones de conducta, de mentalidad a lo largo de cada etapa de mi carrera. No sería justo juzgar nuestros pasos previos bajo la experiencia que tenemos en el presente, hay que entender el contexto en el que nos movíamos en cada época.

 

Más que aciertos o errores en cosas concretas, lo interesante es analizar nuestras actitudes ante el trabajo, nuestro nivel de toma de decisiones y, en general, ante el estilo de vida que vamos construyendo alrededor de nuestra carrera. 

No importa si eres empleado, empresario o freelancer, todos podemos ejercer esta autocrítica y detectar cuándo caemos en baches o en círculos sin salida en nuestra vida profesional. ¡Nunca es tarde para buscar rutas alternativas!

 

5 actitudes que frenan nuestro potencial, avance y proyección profesional

 

1.- “Aquí y ahora estoy bien, ya no me muevo”

El ser humano por naturaleza tiende a buscar su zona de seguridad, de bajo riesgo y bienestar en general (la muy conocida “zona de confort”). Y no es que esté mal, pero las carreras exitosas y los negocios prósperos están hechos de altibajos.

Lo ideal es aprender a disfrutar las batallas conseguidas y el terreno ganado por cierto tiempo, y luego avanzar para conseguir otros retos, otros proyectos, otras metas profesionales.

El que progresa es porque se empuja a sí mismo o porque alguien más (su jefe, su socio, etc.) lo empuja al precipicio con un nuevo reto. El que elige permanecer estático podrá gozar por un tiempo de los beneficios que ha logrado, pero inevitablemente se quedará atrás.

 

2.- “No me podría dedicar a otra cosa”

Qué triste sería si sólo fuéramos buenos para una cosa. Claro que la vida a veces nos obliga a decidirnos cuando no estamos listos (como cuando elegimos carrera universitaria, porque muy sabemos a los 18 años qué queremos hacer el resto de la vida). Pero afortunadamente, la vida nos da muchas oportunidades para probarnos en distintos escenarios. Ver qué tal somos en tal o cual trabajo, qué habilidades y gustos nuevos podemos descubrir en nosotros al incursionar en caminos distintos.

Es muy probable que si uno decide cambiar de industria o sector después de un tiempo largo, se tope con obstáculos o con situaciones que ya no tenemos muchas ganas de afrontar a cierta altura de nuestra vida. Pero si uno mantiene la mente abierta, es mucho más fácil derribar esas barreras e incluso ayudar a cambiar actitudes de gente que pueda estar escéptica a nuestros nuevos proyectos o caminos profesionales.

 

3.- “Esto se hace así…porque siempre se ha hecho de esta manera”

Pensar que sólo hay una forma de hacer las cosas es la ruta más corta al estancamiento. En inglés hay un dicho que ilustra esto muy bien: “If it’s not broken, don’t fix it”. Y sí, siempre se piensa que no hay necesidad de cambiar algo si así como está funciona bien (o medio bien). Lo que no se da uno cuenta es que generalmente las cosas pueden funcionar mejor haciendo ciertos ajustes.

La próxima vez que hagas algo que tu trabajo requiere de forma rutinaria, detente a pensar si tiene razón de ser, y en caso afirmativo, si es la mejor forma de hacerlo, la más eficiente, la más inteligente. Si no, sé tú el que propone un giro nuevo.

 

4.- “El dinero tiene la última palabra”

Un sueldo alto es la barrera principal para dejar un trabajo. La estabilidad económica de la familia, la presión del esposo(a), el miedo a empezar más abajo en otro lado, etc. Nunca faltarán motivos que justifiquen quedarse en un trabajo que nos retiene “a billetazos”.

La gente suele decir: “me quedo aquí unos pocos años para hacer un buen ahorro, y luego me voy”. Tristemente ese día nunca llega.

Hace algunos años tuve un trabajo muy bien pagado, con excelentes prestaciones y condiciones que podrían parecer envidiables. Los primeros cuatro años lo disfruté mucho, pero cuando me cambiaron de área y tomé otro cargo dentro de la misma empresa, si bien el sueldo y el nivel eran mayores, también lo era mi frustración. Aguanté un año y no más. Decidí que más valdría empezar en otra cosa y volver a “picar piedra” para construir algo a mi medida, que continuar en ese camino que no me gustaba. Cada día agradezco haber tenido el valor de tomar esa decisión.

 

5.- “Estoy haciendo lo que me gusta, no importa que no me paguen”

Este es el extremo del anterior. El que se ciega diciendo que está haciendo eso que siempre soñó, aún a costa de no estar bien remunerado, es otro vicio (menos común, porque el que no come no sueña).

Todos tenemos pasiones a las que nos encantaría dedicarnos, pero sabemos que eso no es viable económicamente.

Los hobbies tienen su razón de existir, y uno se tiene que dar el espacio para desarrollarlos en tiempos personales. Pero para el terreno profesional, el mejor escenario es tener un trabajo o negocio que se disfrute y que a la vez sea redituable o bien remunerado.

 

Trabajos bien remunerados

Image by Nattanan Kanchanaprat from Pixabay

 

 

Dicen que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que en el propio. Muchas veces reconocemos estas actitudes primero en otros. Es muy fácil criticar a nuestros amigos o familiares respecto a decisiones que consideramos malas en su trabajo, pero rara vez o nunca somos capaces de analizar en dónde estamos estancados en nuestra carrera.

Hay que volverse más auto crítico y empujarnos cada día a enderezar la brújula hacia dónde queremos crecer como profesionales.

 

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