fbpx

¿Qué es el éxito? ¡No persigas espejismos!

Comparte:

El éxito no tiene una sola definición, es tan individual como lo somos cada uno

 

Una casa enorme, automóvil del año, ropa de diseñador, tener espos@ guapísim@ e hijos de catálogo, comer en los restaurantes más caros, vacaciones de revista, etc. Ese es el estereotipo de éxito que tenemos en nuestra sociedad actual.

 

En todas partes oímos hablar del éxito y de cómo alcanzarlo. Cuando lo vemos en otras personas, solemos celebrarlo (o envidiarlo). Todos aspiramos a ser profesionales exitosos, tener cierta posición económica, una buena vida familiar y personal, etc. Usamos la palabra de una forma automática y poco consciente de lo que significa. 

 

Pero, ¿exactamente qué es el éxito y cómo lo medimos?

 

El éxito no es como lo pintan

 

El origen de la palabra éxito viene del latín: “exitus”, que significa salida o término. Sin embargo, la connotación que siempre se le ha dado es positiva. La palabra hace alusión a un efecto, resultado o conclusión satisfactoria y feliz, y se aplica a todos los ámbitos: negocio, vida personal, familiar, etc.

 

La gente suele creer que cuando llegue a cierto puesto en su trabajo o llegue a tal nivel en su negocio cruzará la frontera del éxito. Creen que al comprar cierta casa o vivir en tal barrio la vida les va a cambiar. O que comprarse el auto de sus sueños les producirá un gran bienestar. Claro, es innegable que las comodidades que nos facilita el dinero nos hacen la vida más fácil, a todos nos gusta vivir mejor y sin duda nos lo merecemos. Sin embargo, cuando uno alcanza ciertas metas de trabajo, ingreso, propiedades o posesiones, al poco tiempo se da cuenta que seguimos siendo los mismos. Mismos hábitos, temores, actitudes. Lo que cambia es lo de afuera.

 

El éxito es un concepto que se ha visto manipulado por la sociedad de consumo. Se ha relacionado directamente con el nivel económico y las posesiones materiales que uno logra, pero nunca se le define en relación al bienestar emocional.

 

El éxito no tiene que ver con lo que tenemos sino cómo nos sentimos

 

Tener un gran puesto de trabajo, un negocio próspero, hacer mucho dinero y darnos los lujos que nos gustan no es ningún pecado. Por el contrario, uno tiene que procurarse siempre lo mejor para uno y para sus seres queridos. Pero aquí es donde uno debe ser muy crítico y discernir hasta dónde esas metas que nos trazamos y esas etiquetas de éxito que les ponemos son parámetros sociales y no algo que obedezca a nuestras necesidades más personales.

 

Por ejemplo, de poco sirve que alguien se la pase trabajando de sol a sol, viajando como loco, sacrificando tiempo personal con el fin de “darle lo mejor a su familia”, cuando seguramente sus hijos y su pareja preferirían tener a esa persona en casa más tiempo, aunque eso signifique no tener la consola de videojuegos más nueva, o la ropa más cara, o los coches más caros.

 

Mi experiencia: Tuve la fortuna de tener trabajos ejecutivos en empresas trasnacionales líderes en su sector. Ganaba muy buen sueldo, viajaba, tenía beneficios superiores, etc. Pero aunque el título de VP y todos esos beneficios eran súper cómodos, no logré encontrar la felicidad en ello.

 

Fueron experiencias super positivas de aprendizaje en todo sentido, pero no representan para mí el éxito. Sin embargo, esos mismos trabajos que a mí no me funcionaban, a otras personas les van de maravilla. Simplemente no se alineaban con mis metas personales.

 

La gente encuentra el éxito y la realización de formas distintas.

 

Entonces, ¿en qué se basa el éxito y cómo se mide?

 

Hay muchas variables que intervienen en definir el éxito. Lo que cada quien considere como los factores que le dan satisfacción y felicidad serán lo que pese más en la balanza.

 

Por ejemplo, hay gente para la que la libertad es invaluable, incluso por arriba del sueldo y de otros beneficios en un trabajo. El poder trabajar bajo sus propios términos, no estar atados a horarios, poder tener flexibilidad de cómo manejar sus tiempos, es algo que para ellos representa el éxito. Eso seguramente no será compatible con un cargo de alta responsabilidad en una gran empresa, que a su vez podría representar el éxito para otro tipo de personalidad.

 

Hay personas que encuentran su máxima realización personal en trabajos corporativos, que les permiten crecer profesionalmente con el paso de los años y les brinda la estabilidad económica que necesitan. Sin embargo, hay otros cortados por otra tijera y no toleran tener un jefe, tener horarios o estar en una oficina.

 

Hay gente que vive muy bien con equis dinero, porque su estilo de vida está moldeado en base a ciertas cosas. Y hay gente que ese mismo dinero le será insuficiente -aún con el mismo tamaño de familia-.

 

 

Image by Free-Photos from Pixabay

 

El éxito siempre va a cambiar de cara. Aprende a reconocerlo.

 

Los factores para alcanzar este punto máximo de satisfacción personal y profesional son siempre los mismos: trabajar en algo que nos haga crecer, aprender de la experiencia, estar rodeados de la gente que queremos, hacer actividades y tener experiencias que nos enriquezcan emocionalmente, generar un ingreso que nos permita vivir de acuerdo a lo que necesitamos (que no es siempre equivalente a lo que queremos).

 

Pero esos factores son tan cambiantes como nuestra misma vida a lo largo de los años. La clave es poder redefinirlos constantemente, y no mentirnos ni dejarnos llevar por espejismos.

 

El éxito es personal, y solo uno puede definir cuáles son las metas para sentirse exitoso. No podemos permitir que nadie juzgue bajo qué términos definimos nuestro éxito (o que no nos importe si lo hacen). Hay que aprender a definir y redefinir el éxito tantas veces como haga falta, para poder buscarlo y reconocerlo.

 

Comparte:
×
¡Regístrate en InconfundibleMENTE!