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¿Qué tipo de procrastinador eres?

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Todos tendemos a procrastinar, pero los detonantes tienen origen distinto. ¿Con qué prototipo te identificas más?

 

Hace poco hice una nota sobre qué es la procrastinación (y algunos consejos para evitarla). Si no estás familiarizado con el término, te cuento en corto:

No hay que perder de vista que el procrastinar es nuestro mecanismo de defensa para protegernos emocionalmente de situaciones que percibimos como abrumadoras, incómodas, desconocidas, arriesgadas o simplemente aburridas.

Cuando uno analiza a fondo el tema, lo primero que salta a la vista es que este comportamiento no tiene una causa única, es la personalidad de cada quien, sus hábitos, temores, habilidades e inteligencia emocional -entre otras cosas- lo que determina cuál es el tipo de procrastinación con el que más tropezamos.

Dicho esto, explico los principales tipos de “personalidad procrastinadora” a los que nos enfrentamos:

 

Perfeccionista

Como su nombre lo dice, el perfeccionista busca siempre hacer las cosas de modo inmejorable (al menos en su perspectiva). La realidad es que generalmente esa actitud cubre un gran temor, un miedo a terminar algo que sea susceptible a críticas, que no sea bien recibido, que no se venda bien, etc.

Lo que acaba sucediendo es que el perfeccionista extremo procrastina y entrega tarde cuando no le queda más remedio, siempre argumentando que todavía no estaba listo.

El perfeccionista obsesivo está atrapado en un círculo vicioso, y prefiere seguir ajustando, editando y puliendo su trabajo, porque mientras no lo entregue o de por terminado, no correrá ningún riesgo.

 

El ocupado: el hamster en la rueda

Este procrastinador desde fuera se le ve siempre muy ocupado, no para ni un segundo. El problema es que tampoco avanza porque se dedica a hacer tareas de bajo impacto. Tal cual como el hamster corriendo en la rueda.

Este personaje es el que se dedica horas y horas de su día a hacer tareas administrativas que no son relevantes, argumenta que son cosas urgentes que hay que sacar adelante, pero en realidad son cosas que sólo lo mantienen ocupado, sin lograr avance consistente.

Pierde horas y horas leyendo y respondiendo emails. Recibe decenas de correos al día y siente que tiene que procesar todos y cada uno. No discrimina, ni filtra, ni clasifica, ni delega. Argumenta que tiene que monitorear a sus clientes o a sus competidores en las redes sociales, e invierte horas cada día en esta tarea, porque claro, en el camino se encuentra otras cosas interesantes (como memes) que también revisa a detalle.

 

Idealista y soñador

Este procrastinador prefiere refugiarse en la etapa de planeación idealista y sueños etéreos, así no tiene que enfrentar la realidad que implica salir al mundo con un proyecto.

Este prototipo es muy frecuente, especialmente entre los emprendedores, freelancers o ejecutivos con cierto poder de decisión, sobre todo porque tienen más margen de manejo de su tiempo y sus responsabilidades.

Es más fácil quedarse en la etapa de la planeación y los sueños a empezar a entrar en acción y “picar piedra”.

En estos casos, la persona nunca acaba de lanzar ese gran proyecto o negocio ambicioso -que pinta ser de lo más prometedor- porque aún está contratando al equipo, porque está buscando oficina, porque está definiendo quiénes son los inversionistas, porque está comprando la tecnología necesaria, etc, etc y etc.

 

El organizador compulsivo

Prefiere dedicar su tiempo a organizar y reorganizar todo lo que tiene a la mano. No quiere decir que no sea importante mantener organizado nuestro espacio de trabajo o personal, pero este tipo de procrastinador suele usar esta justificación para desviarse de las responsabilidades más importantes que tiene.

Es más fácil dedicar tiempo a organizar, depurar, responder y clasificar la avalancha de comunicaciones e información que le rodea, que ponerse manos a la obra y avanzar con lo que en verdad tiene que hacer.

Por ejemplo, no puede empezar a trabajar en la presentación porque primero quiere buscar todas las imágenes que va a necesitar; no puede empezar a trabajar porque tiene que reunir más información o porque tiene que clasificar toda la que tiene. No puede sentarse a trabajar sin antes depurar su bandeja de email o arreglar su escritorio.

 

El autosaboteador

Este personaje aplica la lógica de que el que no juega, no pierde. Y sí, es verdad, pero tampoco gana.

Esta actitud refleja también un temor profundo de cometer errores, con lo cual para evitar cometerlos, prefieren no hacer las cosas.

Es el tipo de procrastinador que se autoimpone limitantes que justifican -ante sí mismo y ante el mundo- porqué no hace las cosas.

Por ejemplo, no se inscribe en un concurso porque no se siente preparado, no envía el proyecto porque de antemano ya se descalificó, no aplica para la nueva posición de trabajo porque considera que los demás candidatos son más fuertes.

 

El temerario

Este procrastinador es de los más comunes. Está plenamente convencido de que funciona mejor bajo presión. Se acostumbra a eso desde su época de estudiante, cuando estudiaba hasta la noche anterior y no dormía.

En vez de planificar sus proyectos y tareas con anticipación para poder desarrollarlo a buen ritmo, prefiere que el agua le llegue al cuello para empezar a moverse.

Curiosamente, aunque suele mostrarse en papel de víctima cuando está bajo presión, pospone intencionalmente la actividad hasta que está al borde de la fecha límite. La realidad no es que las cosas le salgan bien bajo presión, sino que en general tiene buena suerte y ha salido adelante, pero podría ser mucho más eficiente, brillante y exitoso si planeara las cosas mejor.

 

El analista

El análisis-parálisis es lo suyo. Es decir, disfruta enfrascarse en esa etapa de investigación profunda, análisis y planeación al más mínimo detalle.

Pospone indefinidamente el dar el paso definitivo con un proyecto o tarea, porque con su exhaustiva labor de análisis e investigación, siempre queda en evidencia que aún le falta información. 

Es el personaje que investiga, explora y traza todo tipo de escenarios A, B, C, etc. Recopila información de todo lo que se podrá ofrecer a lo largo de un proyecto, negocio o presentación. La realidad es que no lo comienza porque simplemente se siente intimidado y no sabe por dónde dar el primer paso.

 

Image by Gordon Johnson from Pixabay

 

No te hagas bolas. Toma el toro de la procrastinación por los cuernos entendiendo, en primer lugar, cuál es la causa primordial que origina en ti esa parálisis, esa falta de acción y de decisión.

Cuando tengas una pista (o lo tengas claro), rebate esos detonates que te llevan a procrastinar a través de razonamientos propios, como si estuvieras analizando esa situación en otra persona, desde fuera. Si tú mismo te creas -de forma inconsciente generalmente- esas causas para procrastinar, abriéndote a este análisis sincero te será más fácil contrarrestar los detonadores.

 

 

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