¡No puede ser, cómo no lo supe antes!

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Cuando las cosas no salen como hubiéramos querido, nos gusta pensar que de haber tenido más información el resultado hubiera sido diferente, pero diferente no siempre es mejor. 

 

Mucha gente me dice: “ojalá hubiera sabido antes lo importante que es tener una segunda fuente de ingresos, o seguir estudiando después de haber completado mi educación universitaria“. Cuando esto pasa, no puedo evitar preguntarme en silencio si de verdad lo hubiera hecho. Porque el tema de saber con anticipación cosas relevantes no tiene nada que ver con el deseo (¿a quién no le gustaría?), sino con nuestra capacidad para verlo.

Muchas veces tenemos al alcance de la mano información muy relevante que sencillamente no vemos porque no tenemos la madurez, el enfoque, la serenidad o porque no estamos listos.

El verdadero conocimiento se encuentra al final del camino, después de intentar, equivocarse, repetir, corregir, comprobar y acertar. Esto parece injusto, la información más valiosa aparece mucho después de cuando se le necesita por primera vez. Pero el cerebro es tan poderoso como caprichoso, filtra la información y destaca lo que es más importante en el contexto que se encuentra. Y como sabemos, nadie busca lo que no sabe que necesita.

Por eso mismo, de todo lo que me hubiera gustado saber antes, lo único que estoy seguro que hubiera cambiado el guion de mi vida era saber lo importante que es empezar antes. Sí, empezar todo lo que se nos antoje y aprender en el camino a hacerlo bien, descubrir lo que te hubiera gustado saber antes pero exactamente cuando ya estás listo para utilizarlo.

 

 

1.- Empieza aunque no te sientas 100% listo

“Si esperas a estar listo, vas a estar esperando por el resto de tu vida”, una frase del escritor Lemony Snicket. Y es verdad, mientras más te preparas sin tomar acción, más grande se ve el panorama y empieza a dar más miedo tomar el primer paso.

Es como cuando estás a punto de echarte un clavado desde una gran altura – mientras más tardas en saltar, empiezas a tener más miedo y más tiempo para calcular todos los riesgos. Es mucho mejor saltar desde el principio, comerte el miedo y ver que es solo un salto que puedes hacer muchas veces más y de diferentes maneras.

 

2.- Date permiso para equivocarte

Si vas a empezar sin estar 100% listo, probablemente te equivoques. Varias veces. Frente a muchas personas, incluso. ¿Y sabes qué es lo mejor? Que si te permites cometer esos errores, vas a crecer muchísimo. Y mucho más rápido de lo que aprenderías si lo tuvieras todo bajo control desde el principio.

No hay nada que reemplace a los errores – son una parte esencial de la formación personal y profesional. Y no solo te permitas a ti los errores – permítelos a tu equipo y también que tu equipo te los permita a ti.

 

3.- Deja que las pequeñas metas te vayan guiando 

Seguro que cuando empiezas a tener muchas ideas y te dejas ir, empiezas a ver tu objetivo alejándose cada vez más y más. Es una cosa que pasa cuando sueñas en grande. No digo que no vayas a alcanzar la cima de esa montaña.

Lo que digo es que vale la pena marcar metas y no dejar que te absorba tanto llegar hasta la cima que dejes de ver todo lo que estás logrando en el camino. Reconocer tu esfuerzo, tu crecimiento y tus logros es una parte muy importante del proceso, no lo dejes de hacer.

 

4.- Asume los riesgos 

Muy bien, ya saltaste, ya te atreviste, ya sabes lo que es aventarte al vacío sin mucha preparación. Ahora vas entendiendo el terreno, te has permitido errores, estás reconociendo tu trabajo y honrando tu crecimiento.

Ninguna de esas cosas te van a salvar de los riesgos, porque no tenemos certeza total de nada. La mayoría de nosotros hubiéramos pensado que tendríamos que haber considerado enfrentar una pandemia global en nuestro futuro. Los riesgos son inevitables, y parte del proceso es hacerse consciente de que no vamos a poder ver el camino que nos queda de recorrer. Lo único que podemos hacer es cultivar la resiliencia y la esperanza, listos para lo que tengamos que enfrentar.

 

5.- Hazlo una y otra y otra vez 

Para perfeccionar los procesos y los resultados, no hay nada que sustituya la repetición. Pero claro – una repetición que implica ir aplicando los nuevos aprendizajes. Es ir perfeccionando la técnica y la ejecución de todo lo que haces.

Y además, cada vez que repites un proceso es una oportunidad para verlo otra vez con una mirada nueva, en donde puedes utilizar la creatividad para innovar en tu propio flujo de trabajo y con tu equipo.

 

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