No existen las preguntas malas, ¿o sí?

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La calidad de información que tenemos está determinada por la calidad de preguntas que hacemos, y por eso mismo nunca nos enseñan a preguntar.

Cuando un profesor detiene la clase para consultar si alguien tiene preguntas, ¿de verdad espera que un estudiante rodeado de todos sus compañeros levante la mano para reconocer que no ha entendido algo? ¿acaso un buen profesor desconoce que muchas veces la percepción que se tenga de nosotros es más importante que cualquier otra cosa? Nueve de cada 10 veces que un profesor pregunta si hay dudas nadie levanta la mano – es evidente que hay muchas preguntas, pero no hay condiciones para hacerlas.

 

Todos los días hacemos preguntas tontas y absurdas en la vida, pasa en las escuelas, en las casa y oficinas. Muchas veces sin darnos cuenta formulamos preguntas que no cumplen ningún objetivo, no sabemos qué buscamos o sencillamente no queremos encontrarlo. Si le preguntas a un miembro de tu equipo ¿qué problemas tienes?, es probable que diga que todo bien, que por el momento ninguno. La cosa cambia si modificas la pregunta y cuestionas ¿en este momento, qué retos estás enfrentando? La segunda pregunta tiene sobreentendido que tener problemas es normal y está bien, que no importa lo que enfrenta el problema no es él o su desempeño y que estás ahí para ayudarlo.

Hacer las preguntas correctas es una arma muy poderosa, tomar tiempo, analizar el problema y estructurar la pregunta adecuada puede ser la vía para encontrar una solución. En alguna ocasión Albert Einstein declaró: “Si tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución, invertiría los primeros 55 minutos para determinar la pregunta apropiada, porque una vez que supiera la pregunta correcta, podría resolver el problema en cinco minutos”.

 

Todo el tiempo nos han dicho que no hay preguntas malas, pero no es cierto. Tenemos que cambiar nuestro manera de hacer preguntas, analizarlo, pensarlo dos veces y hurgar profundo, solo haciendo preguntas correctas y poderosas podremos encontrar la verdad.

 

Las 5 razones de la semana se atreven a preguntar ¿qué descubriste después de hacerte preguntas profundas? y si no las haz hecho, aquí hay 5 ideas para empezar.

 

1.- Pregunta cosas que generen curiosidad

No hagas preguntas que pueden responderse con un sí o un no. Intenta abrir la conversación incluso si es contigo mismo.

 

2.- Pregunta cosas que estimulen la reflexión

Las preguntas profundas aumentan el estimulo mental. La mente despega, crea nueva información, sintetiza y se mueve de la esfera de lo conocido a la de lo que podría ser.

 

3.- Pregunta cosas que inviten a la creatividad y nuevas posibilidades

Una pregunta ponderosa evoca el pensamiento crítico y la creatividad. No preguntes cosas que tienen una respuesta obvia, atrévete a descubrir qué tan lejos puede ir la respuesta.

 

4.- Pregunta cosas que generen progreso

La manera en que estructuras tus preguntas puede moverte hacia el futuro o regresarte al pasado. Procura buscar la innovación en las respuestas, muévete un paso adelante siempre que indagues algo.

 

5.-  Pregunta cosas que viajen lejos

Una pregunta potente tiene la capacidad de viajar y extenderse más allá del lugar donde comenzó. Funciona para muchas personas en una organización, familia o una comunidad.

 

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