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¿Terminó enero y se esfumaron tus propósitos del año? ¡que no sea tu caso!

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¿Acabó enero y tus metas siguen en el cajón? Nunca es tarde para retomar las riendas

 

Primero que nada, ¡que no cunda el pánico! Es normal que el año inicie lleno de optimismo, energía y entusiasmo. Lamentablemente la falta de planificación, disciplina y enfoque puede tirar por la borda esos objetivos tan maravillosos que trazamos a principios de enero.

Pero no todo está perdido, necesitamos hacer algunos ajustes básicos en nuestra mentalidad y enfoque para volver al camino.

Aquí te comparto algunas recomendaciones que puedes aplicar sin importar tu profesión o situación personal

 

 

Los objetivos no sirven si sólo planeamos el QUÉ y no el CÓMO

La primera causa de que no avancemos con nuestros objetivos y propósitos es que no hemos sido suficientemente específicos en cómo vamos a lograrlos. El cumplimiento de las metas implica varios pasos, es un proceso. Divide tus objetivos en las acciones más pequeñas posibles y ponles fecha de cumplimiento. De otro modo no podrás ir avanzando. Dicen que una meta es un sueño con un plan detrás. Si no hay plan concreto detrás, seguirá siendo un sueño para siempre.

Por ejemplo, si decidiste que vas a empezar un blog, deberás especificar qué necesitas exactamente; tales como: comprar el dominio de tu dirección de internet, definir en qué plataforma lo publicarás, de qué temas escribirás, cada cuándo publicarás, etc. Todo eso deberá ir teniendo cabida en tu calendario o agenda para que el proyecto avance. Luego, deberás bloquear también los tiempos necesarios para escribir tus notas, para editarlas, para buscar las fotos, para aprender a manejar la parte técnica de la publicación, y hasta para difundir tu blog en las redes sociales y demás. No hay forma de que publiques un blog si no desmenuzas el proyecto en los pasos más pequeños posibles, y los vas agendando en tu calendario para que en realidad sucedan.

 

El principio de año no es el único momento del año para la revisión de objetivos

¿Recuerdas cuando eras niño y empezabas el nuevo año escolar? Tener cuadernos y uniforme nuevo, conocer a los compañeros y profesores, materias nuevas, etc. Nos pasa lo mismo cuando entramos a un trabajo nuevo, sentimos que vamos a cambiar el mundo, ¿no?. Por  naturaleza, el inicio de los ciclos nuevos nos inyectan un sentimiento positivo, nos provocan una sobredosis de entusiasmo y optimismo.

Pero aunque los primeros días de enero son un gran momento para sentarnos a planificar nuestro año, no es el único momento del año en que podemos -ni debemos- trabajar en eso. Es importante aprender a hacer varias sesiones de planeación y reorganización durante el año. Y eso nos lleva al siguiente punto…

 

Programa revisiones mensuales y semanales

Los días y las semanas se nos van como agua entre los dedos y, si no nos hacemos el hábito de tener revisiones mensuales (e incluso revisiones semanales más breves), cuando volteemos la cara, habrá pasado medio año y no hemos siquiera empezado con nuestros objetivos.

Personalmente, me gusta hacer mi revisión y planificación semanal los domingos, idealmente por la tarde. Y luego cada mes hago una revisión más exhaustiva. Esto puede ajustarse a tu situación personal en particular, el caso es hacerlo regularmente.

Este bloque de tiempo debe ser flexible, si sabes que tendrás un compromiso, haz tu revisión en otra hora, pero no dejes de hacerla. Si trabajas para una empresa y no por tu cuenta (y no te gusta la idea de tomar tiempo de tu domingo para revisar temas de trabajo), puede funcionarte los viernes por la tarde.

No debe llevarte más de media hora, porque es básicamente revisar qué avances tuviste en la semana, qué te quedó pendiente (y se debe agendar la siguiente semana), o qué cosas se eliminan de tu lista porque han perdido relevancia (se vale, ¿eh?). Esto aplica tanto en lo personal como en el trabajo.

 

Sé realista y haz los ajustes necesarios sobre la marcha

Si en tus revisiones empiezas a ver la tendencia de que avanzas muy poco y más bien vas acumulando tareas y proyectos sin salida, es hora de aplicar el filtro de la prioridad. De nada sirve lo que planificamos en enero si se convierte en una pieza de museo o muere en un cajón. Debe ser un plan vivo, modificable.

Generalmente tenemos más proyectos que tiempo para realizarlos, por lo cual deberás ser muy realista y definir cuáles son verdaderamente prioritarios (tanto en el trabajo como en lo personal), y lo demás deberá salir de tu lista, o ir a un apartado de “algún día”.

Si en el trabajo no te das abasto, es hora de que hables con tu jefe y negocies lo que sea necesario; ya sea ayuda, plazos más amplios, o poder sacarte de encima algunas cosas que no sean estratégicas. Como dice el dicho: “al que no habla Dios no lo oye”. Los jefes rara vez tienen en mente el tiempo que lleva hacer cada cosa, por lo que continuamente hay que mantenerlos al tanto de nuestra capacidad de avance y necesidades.

 

Nunca pierdas la fe en ti

Si tú no crees en ti, nadie más lo hará. Si no tienes una profunda convicción que puedes sacar adelante los planes y proyectos que trazas, estás destinado a auto-boicotearte y tirar la toalla tarde o temprano.

En este punto, es importante ser muy objetivo y realista con lo que es factible y lo que es demasiado lejano a tu realidad actual. Siempre es bueno trazarse metas que lo saquen a uno de su zona de confort, que lo obliguen a “estirarse” al máximo para hacer cosas nuevas, a experimentar, tratar, ensayar y probar caminos. Pero tampoco hay que ponerse ante imposibles.

Es mejor decir: voy a diseñar mi primer website este año, y dedicarnos a aprender código y programación básica. En vez de decir: este año voy a lanzar el sucesor de Facebook.

 

No rompas la cadena y celebra las pequeñas victorias

La continuidad es clave. Cuando entramos en una dinámica de trabajo en la que cada día avanzamos un poco, nuestro cerebro se estimula y tiende a seguir esa inercia. Es importante celebrar las pequeñas victorias, los avances logrados, por minúsculos que sean. Más vale ir logrando pequeñas cosas, hacer tareas cortas, procesos sencillos, que intentar dar zancadas para las que tal vez las piernas no nos respondan.

Si logras mantener esa inercia de avance con pequeñas tareas y procesos constantes, se crea una cadena productiva maravillosa. Pero si por algún motivo se rompe la cadena, trata de retomar el ritmo cuanto antes, porque mientras más tiempo pasa, más complicado se hace rescatar la dinámica de trabajo, y las cosas se estancan.

 

No tomes como parámetro lo que los demás muestran en sus redes sociales. Tú eres tú.

Lo peor que puedes hacer es estar tomando de referencia a tus amigos o colegas y sus actividades en redes sociales. Generalmente lo que publican no será fiel reflejo de su realidad. Ante tus ojos, fulano se podrá ver como el empresario más exitoso, ya cerró ocho contratos nuevos en el primer mes del año, anda de viaje en Europa en una convención maravillosa, está estrenando coche, y se ganó un premio en el trabajo.

La realidad puede distar mucho de la fachada en las redes, y sí puede lograr desmotivarte si comparas tus resultados con lo que va logrando la gente que sigues. Sólo mide tus avances contra ti mismo, sé duro como tu propio juez, pero tampoco seas implacable ni intransigente.

 

 

Image by Pexels from Pixabay

 

Para concluir, te digo que, si acabó enero y vas mal con tus propósitos del año, haz un alto. Detén la caída libre y entra en acción cuanto antes para retomar las riendas de tus proyectos y de tu vida.

Con planeación, disciplina y constancia muy pronto volverás a tomar el rumbo.

 

 

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