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¡Calma!, no tienes que ser productivo todo el tiempo

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Podría pensarse que el título de esta nota contradice prácticamente todo lo que escribo en torno a la productividad, eficiencia personal y organización. Pero no es así, digamos que es un ángulo distinto de ver las cosas.

La mayoría del contenido que desde hace años publico apunta a cómo ser más productivo y eficiente, organizar mejor nuestro tiempo, hacer mejor uso de nuestro tiempo y energía, etc. Pero la realidad es que no podría existir esa productividad a la que aspiramos si no existe un balance entre eficiencia y tiempo “no productivo”, de lo cual no se escribe tanto, porque en eso de “perder el tiempo” somos todos expertos.

 

En este tiempo complejo que estamos atravesando, el reto de ser productivos puede tomar muchas formas, es distinto para cada quien. La realidad es que no siempre lograremos ser productivos, y aún así todo podrá funcionar, todo podrá seguir adelante.

Cuando empezó esto de la cuarentena, durante los primeros días pretendí seguir mi rutina personal y de trabajo de forma regular. La verdad es que no es posible, simplemente porque no estamos en una situación normal. No sólo entran en juego el volumen de trabajo y las condiciones para realizarlo, el ambiente externo y toda su carga emocional son un factor que influye mucho. Además, aunque ahora no tenemos que invertir tiempo en transportarnos al trabajo, escuela, etc., hemos tenido que incorporar a nuestra agenda tiempos para hablar o hacer video llamadas con la familia y amigos, convivir en casa con la familia, y otras dinámicas nuevas que antes no teníamos.

 

Photo by Hichem Deghmoum from Pexels

 

¿Se puede ser productivo sin obsesionarse con exprimir cada minuto del día?

 

En días pasados leí un artículo en el New York Times titulado “Stop Trying to be Productive” (Deja de tratar de ser productivo), que refleja justamente estas inquietudes que yo empezaba a atravesar y en las que he reflexionado mucho, no sólo por en mi situación, también por las charlas que he tenido con amigos, colegas y familia.

Por un lado, tenemos las necesidades del trabajo, que para mucha gente ha resultado más demandante de lo esperado (o al menos, más desordenado y caótico). Por otro lado, mucha gente con hijos se enfrenta a que unos programas de “escuela remota” tan ambiciosos que se necesitaría un padre o madre de tiempo completo para guiar al crío en sus video llamadas, tareas y demás actividades escolares a distancia. No menos demandante en tiempo, tenemos que organizar comida y mantener la limpieza de la casa.

Por si fuera poco, las redes sociales y medios en general se han desbordado de ofertas de actividades, productos y servicios en los que podemos invertir nuestro tiempo. Desde conciertos online, clases de yoga, webinars con coaches de cualquier especialidad, clases de cocina, charlas con artistas, etc.

 

Yo no tengo hijos, pero después de unos cuantos días en medio de la carga de trabajo habitual, de las labores de casa (que afortunadamente comparto), de la oleada de noticias tendenciosas y alarmantes, y salpicado por la cascada de contenido y “oportunidades únicas” ofrecidas en internet, lo único que me apetecía era desconectarme de todo. Lo único que quería era parar en seco, dedicarme a pensar, a generar ideas, a escribir, a reflexionar, a estar en silencio.

Nos hemos visto muy presionados. El mundo, nuestra familia, nuestros jefes, nuestros clientes, nuestros vecinos, todos esperan mucho de nosotros. Incluso nosotros mismos hemos subido muy alta la barra para medir lo que debemos dar. Pero no siempre se puede, y está bien. La presión que nos imponemos o que permitimos que nos impongan puede ser contraproducente.

Si hoy tienes que conectarte a 4 conferencias, preparar dos reportes y enviar una propuesta, no te comprometas a cocinar ese pollo al horno que tanto le gusta a tu hijo. O si hoy tienes que resolver un tema prioritario en tu familia, deberás negociar con tu jefe o clientes ciertos plazos de entrega.

 

Trazando fronteras, alineando prioridades y ajustando expectativas

 

Es importante también que traces fronteras, aún en estas situaciones en donde todo lo hacemos dentro del mismo espacio físico. No sigas trabajando hasta la media noche, sólo porque tienes ahí la computadora, pero tampoco te acuestes dos horas a media tarde a ver Netflix justificando que te hace falta un respiro.

Tenemos que alinear nuestras prioridades para, en consecuencia, ajustar las expectativas. Es ideal ser eficiente, es genial ser productivo, pero hay que entender que eso no puede suceder el 100% de nuestro tiempo. Es un equilibrio. Para ser productivo hay que ser otras veces “improductivo”, hay que conocer el contraste y vivirlo. Tener ese balance nos va a ayudar a enfocarnos cuando en verdad lo necesitamos.

El afán de optimizar cada minuto y de exprimir el día para conseguir hacer lo más posible no es siempre factible, se puede conseguir la eficiencia y la productividad necesarias viendo las cosas de un modo más cualitativo que cuantitativo.

 

Photo by Keenan Constance from Pexels

 

Mi meta… una nueva productividad

 

Mi meta es lograr generar más y crear más en menor tiempo. Me entusiasma pensar que esta situación de confinamiento forzado puede verse también como un regalo valiosísimo para crear nuevas formas de balancear nuestra vida, para descubrir otras maneras de hacer las cosas, de funcionar, de no sólo sobrellevar o sobrevivir, sino resurgir.

Hay que cuestionarnos hasta dónde necesitamos ejercer tanta presión sobre nosotros mismos o en nuestra familia y equipo de trabajo, o incluso el modo de ejercer esa presión. Podemos conseguir ser más productivos siendo más introspectivos y analíticos con las verdaderas necesidades y prioridades del día a día. Podemos ser más eficientes usando más la inteligencia emocional.

En mi caso, pienso que estoy atravesando una transición para encontrar nuevas formas de productividad, de creatividad y de eficiencia que van más allá de las que había probado antes. Me entusiasma el nuevo reto.

 

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