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¿Por qué no alcancé mis objetivos del año?

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No me gusta escribir en tono negativo, siempre es mejor darle el ángulo positivo al asunto para que asimilemos mejor la información. Sin embargo, en esta ocasión es necesario.

Con el fin de año llega el análisis de dónde quedamos parados respecto a los objetivos que nos fijamos en enero. Esto es parte súper importante para poder dar paso a la planeación del año próximo. Sin embargo, si esta revisión la hacemos de un modo autocomplaciente, no servirá de mucho. Este autoanálisis debe ser muy crítico y honesto, aunque implique sacar a flote una serie de elementos negativos.

Es clave entender por qué alcanzamos nuestros objetivos (para repetir y afinar la técnica) y también por qué no logramos llegar a nuestras metas (para poder contrarrestarlo).

Aquí te comparto una lista que hice con los principales motivos por los que resbalamos en el camino, y su explicación lleva implícito el antídoto para evitarlo al máximo en el futuro.

 

No lograste tus objetivos porque….

 

Eran muy ambiguos

Objetivos como: “voy a bajar de peso”, “voy a hacer ejercicio”, “poner un negocio”, “voy a empezar nuevos proyectos” son sólo una lista de buenas intenciones y no tienen un plan claro. Para que un objetivo sea alcanzable, debe ser medible (cuántos kilos vas a bajar, qué tipo de negocio vas a poner, qué ejercicio vas a hacer y cuántos días a la semana, etc). Y claro, un plan para llevarlo a cabo.

 

Eran demasiado ambiciosos o no realistas

Hay que fijar metas que lo obliguen a uno a esforzarse, que nos empujen hacia nuevos derroteros, pero nunca fijes objetivos que sean tan ambiciosos que resulten no realistas. Por ejemplo, si eres consultor independiente y estás construyendo apenas tu negocio, no te fijes la meta de que este año tendrás una empresa enorme que facture tantos miles de dólares.

 

No fijaste fechas límite o eran a demasiado largo plazo

Si sólo ves el resultado final y no detalles el proceso, será muy difícil poder alcanzar un objetivo. Hay que detallar de forma muy minuciosa todos los pasos que implica alcanzar esa meta, qué se requiere en cada escalón, con fechas y objetivos medibles. Eso te permitirá ver si es factible o si hay que replantearlo.

 

Se quedaron en tu cabeza y no llegaron al papel

Es muy fácil con la euforia del año nuevo echar a volar la mente y generar metas y objetivos al aire, una lista de buenas intenciones y deseos. Sin embargo, cuando no ponemos en papel todo eso, se van diluyendo muy fácilmente conforme avanzan las semanas del año.

 

Fijaste demasiados objetivos

El sobrevalorar nuestra capacidad suele ser una causa muy común de fallar con nuestras metas. Es importante tener en cuenta que nuestro tiempo, enfoque y recursos en general tienen un límite y hay que administrarlos a consciencia. El dicho de “el que mucho abarca poco aprieta” explica perfectamente esta situación.

 

El medio ambiente que te rodea te juega en contra

A veces el ambiente en el que vivimos tiene elementos que impactarán negativamente nuestro desempeño, aún a pesar de que tengamos la mejor voluntad de lograrlo. Por ejemplo, si quieres bajar 20 kilos este año, pero en tu casa hay comida chatarra en cada rincón, tendrás demasiadas tentaciones. O si trabajas en casa y tienes demasiados factores que te impiden concentrarte, eso te jugará en contra.

 

A la primer desilusión tiraste la toalla

Sin duda los objetivos llevan en el camino tropezones, especialmente los que valen más la pena y los más ambiciosos. Hay que ir desarrollando una piel más gruesa que nos permita salir ilesos (o recuperarnos más rápido) de las piedras en el camino. Especialmente si no tienes gente encima que te esté monitoreando, es muy fácil darse por derrotado y tirar la toalla.

 

No te automotivaste ni celebraste las pequeñas victorias

Los objetivos ambiciosos deben constar de pequeñas victorias durante el proceso. Digamos que son esos descansos en una escalera gigante, donde nos podemos parar unos minutos a tomar aire y a celebrar que vamos avanzando. Si eres demasiado duro contigo mismo, es difícil mantener la motivación. Date unas palmadas en la espalda de vez en cuando.

 

No armaste un sistema para monitorear tus avances con regularidad

Si no revisas el proceso en el camino, es casi imposible mantener un buen avance y hacer los ajustes necesarios para enderezar el barco cuando hace falta. Cuando uno voltea la cara, ya es agosto y no hemos avanzado, o bien nos desviamos del camino tanto que resulta demasiado complicado volver atrás.

 

Desperdiciaste tu tiempo

El tiempo es un recurso muy valioso y no recuperable. A diferencia del dinero -que se puede recuperar o multiplicar- el tiempo que se pierde no se recupera. No derroches tu tiempo en cosas, personas o tareas que no están en línea con tus metas y con tus prioridades personales y profesionales.

 

Tu idea era demasiado fija y no te percataste de opciones alternativas

A veces tenemos las cosas en la cabeza de una forma tan específica, que si el universo nos presenta caminos alternos o formas similares de avanzar, no lo vemos. Esto no quiere decir que uno se desvíe del camino de sus objetivos, sino que es importante tener la capacidad de ver opciones alternativas que de pronto se nos presentan y nos pueden llevar también a la meta.

 

Fijaste los objetivos de alguien más, no tuyos

Es probable que hayas establecido metas que eran no eran para ti, es decir, objetivos a la medida de otras personas o metas populares que “se ven bien”. El paso del tiempo va dejando al descubierto cuando los objetivos no encajan con nuestras prioridades, valores o estilo de vida. Además, es vital que tus objetivos y metas te apasionen, te motiven. Cuando esto no sucede, el hilo se rompe por lo más delgado.

 

No estabas dispuesto a ceder o sacrificar nada para conseguirlo

Si estás muy cómodo donde estás, no es fácil arriesgar nuestra posición para conseguir cosas nuevas. Y más difícil aún alcanzarlas sin poner nada en la linea. No se puede ganar sin jugar, y no se puede jugar sin arriesgar. Aprende a tomar riesgos medidos, a sentirte más cómodo con cierto nivel de incertidumbre. Las recompensas pueden compensarlo.

 

No eran suficientemente retadores

Parece mentira, pero también a veces las cosas que no representan cierto nivel de reto, terminan por aburrirnos y las dejamos en el camino. Los retos son atractivos, especialmente cuando disfrutamos todo el proceso, desde la planeación hasta cada etapa del trabajo. Sin esa parte es difícil entusiasmarnos y mantener la motivación hasta el final.

 

Te paralizaste con el miedo al fracaso o el miedo al éxito

Son dos caras de una misma moneda. Por un lado, si te da temor el riesgo de fracasar y ves el escenario más negativo que se puede presentar, seguramente de forma inconsciente te irás desprendiendo de ese objetivo para protegerte.

Por otro lado, parece mentira pero también hay miedo al éxito. Podemos establecer un objetivo “de dientes para afuera”, pero en el fondo nos aterroriza la idea de ese triunfo y todo lo que de él se desprendería.

En ambos casos aparece el autoboicot, y de forma inconscientemente vas poniéndote en el camino cosas que te obligan a detenerte, a desviar el rumbo, a mantenerte en tu zona segura.

 

Te quedaste estancado en el análisis-parálisis

Se puede fallar por no planear, pero también por planear demasiado (y nunca entrar en acción o hacerlo demasiado tarde). Eso pasa mucho. Uno a veces se enfrasca en procesos larguísimos de investigación, de preparación, de creatividad, etc, y cae en el “análisis-parálisis”, es decir, mucho análisis pero cero acción.

Es también una forma inconsciente de frenar nuestro avance para evitar acercarnos a terrenos inciertos, arriesgados, demasiado retadores o intimidantes. Es una de las formas más populares de procrastinación.

 

No era en realidad una prioridad para ti

Los objetivos ambiciosos implican mucho trabajo, y cuando no son una verdadera prioridad, se dificulta mucho poder sostener esa demanda de tiempo y atención que implican. Así, se descarrilan a medio camino o incluso antes de arrancar.

Sé más honesto contigo mismo a la hora de fijar tus metas, para que siempre pasen el filtro de la prioridad. Si no, para qué dedicarles tiempo y recursos valiosos.

 

No tienes el conocimiento o las habilidades necesarias que se requerían

A veces hay metas que a nivel idea y hasta en el papel se ven bien, pero si no hacemos un análisis detallado de qué habilidades y recursos requieren de nosotros, más temprano que tarde será evidente que hay piezas que faltan para terminar el rompecabezas.

Por ejemplo, si tu objetivo es comenzar un negocio como coach de nutrición, pero si tu conocimiento es aún de un nivel elemental, necesitarás entrenarte y adquirir las habilidades necesarias para poder estar a la altura de tu meta. Ojo, no está mal fijarse esa meta, sino que deberíamos considerar objetivos intermedios antes de perseguir esa meta última.

 

Nunca le encontraste el gusto al proceso, sólo te deslumbraba el resultado final

Suele pasar que la imagen de ciertos objetivos y metas son tan fuertes y atractivas, que nos tienen deslumbrados. Y aunque es un hecho que no hay que perder el objetivo final de vista para poder caminar siempre hacia él, la realidad es que necesitamos tener claro el proceso que implica. Si ese proceso no es algo que sepamos que podemos y queremos hacer, para qué meterse en eso.

Por ejemplo, si quieres ser médico pero en el camino descubres que no estás hecho para los años y años de estudio, prácticas no remuneradas, horarios exhaustivos, competencia feroz, etc, entonces definitivamente esa meta no es para ti.

 

Jugadas inesperadas de la vida

Hay metas que no se alcanzan simplemente porque la vida tenía otra cosa preparada para nosotros. Hay jugadas que nadie espera (una enfermedad grave, un divorcio, una muerte de un ser querido, un desastre natural, una demanda millonaria, etc.) que nos obliga a frenar absolutamente todo lo que estamos haciendo y ponernos en modo de sobrevivencia.

En ese caso no hay mucho más que hacer sino tratar al máximo de sacar a flote las cosas y enderezar el rumbo. Habrá otras oportunidades para replantear metas profesionales o personales menos críticas.

 

Image by joelpapalini from Pixabay

Hay que ver el vaso medio lleno, no medio vacío

 

Conclusión

Si hacemos un análisis crítico y honesto de las causas que nos han llevado a quedarnos a medio camino con nuestros objetivos, sacaremos lecciones y un aprendizaje muy valioso que nos servirá para que año con año seamos mejores.

Asímismo, en este análisis veremos qué prácticas, procesos o acciones nos han servido para avanzar hacia nuestras metas e incluso conseguirlas, y eso será primordial para asegurar que sigamos implementándolo en el futuro.

Lo más importante es que no seas demasiado duro contigo mismo, encuentra la medida para presionarte,  impulsarte y motivarte de forma productiva, no cortándote las alas ni bajándote la autoestima en el proceso.

 

 

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